
Distinguir entre mentira y verdad parece una tarea imposible, más en en estos días donde los medios de comunicación se han apoderado del inconsciente colectivo, o al menos este es el manifiesto de algunas personas…las que quieren darse cuenta de ello.

La verdad es que ( y esta frase gastada es ahora plenamente falseable pero no así lo que le sucede) todos mentimos, la diferencia radica quizás en el grado en el que lo hacemos.
La mentira no hace referencia simplemente al hecho de decir cosas que no son verdad, el aparentar, ocultar información o tergiversar son también formas sofisticadas de mentir.
Los medios de comunicación no son entes indivuduales, sino instituciones de gran influencia en las sociedades constituidas por individuos que pueden o no mentir, es decir, el hacerlo implica en la mayoría de las situaciones una elección. Y digo la mayoría de las veces porque no todas nuestras acciones son conscientes, el tipo de conducta (nuestras acciones), están estrechamente relacionadas con el medio en el cual nos encontramos. Algunos patrones motores son estereotipados, se despliegan es ausencia de pensamiento y otros son elegidos pues seleccionamos la conducta que nos parece más apropiada y es en este punto dónde la mentira se torna táctica.
Toda conducta es adaptativa, por lo tanto, el mentir también lo es.
Existe evidencia en otras especies de conductas de engaño, Richard Byrne y Andrew Withen han hecho estudios en colonias de primates en las que han documentado que el engaño es parte de la conducta social, describen como ante el posible castigo de la madre, el joven primate es capaz de generar una conduta de falsa alarma: permanece inmovil y observa hacia el horizonte, señalando mediante este despliegue a sus congéneres la falsa visualización de un posible depredador. De esta manera genera distracción y evade a la madre.
Hay tambien insectos, serpientes y plantas que poseen colores o incluso adquieren colores específico para camuflagearse, para parecer algo que no son y de esta manera atraer o auyentar a otras especies, el fin único es una vez más la supervivencia. ¿Son acaso estos mecanismos patrones rudimentarios de lo que en los primates se ha llamado mentir?

El mentir como tal se ha vinculado con animales con neocorteza. Byrne y Withen afirman que existe una relación directa entre la cantidad de corteza y la capacidad para mentir. Y es aquí dónde la información puede ser tergiversada porque muchos podrían pensar que de ser así entonces los individuos que mienten constantemente debieran poseeer una mayor masa cerebral, pero esto es a mi parecer totalmente incorrecto. Y he aqui algunas de mis hipótesis entre las cuales mecionaré algunas certezas pero que no por ello le nombrare como verdad: Los cerebros humanos tienen un peso aproximado de 1400gr y la diferencia entre mentirosos novatos y expertos no debe ser significativa, sin embargo, ya que mentir representa para el cerebro una tarea más elaborada que simplemente decir la verdad, los mentirosos expertos deben haber desarrollado una mayor gama de posibles respuestas en el ámbito del lenguaje (verbal y no vebal), no me atrevería a decir que sucede lo mismo con el número de conexiones neuronanales a nivel global ni afirmaría tampoco que estos sujetos son por ello más inteligentes ya que dichas conexiones sustentan también otro tipo de aprendizajes. Más si pudieramos aisalar las redes (a traves de un PET y algunos métodos histológicos) que se activan al mentir esperaría observar una actividad particuar en esa red que nos prmitiera distinguir entre mentirosos novatos y expertos. Y también una diferencia en número de conexiones a nivel local de la red. Un mentiroso es entonces una persona con una habilidad particular.
Todo este manifiesto no busca justificar mediante la evolución el acto de mentir, sino indicar la reflexión de que así como tenemos la capacidad para mentir también somos plenamente capaces de detectar mentiras y que el fenómeno que percibimos hoy en día: “La mentira se convierte en el orden mundial.” … Kafka, no es más que el resultado de la negación de los hechos, el problema no es que seamos engañados sino que nos negamos a actuar y a asumir responsabilidades. Nos negamos a buscar maneras de superar la impresión geenerada en el choque que implica la diferencia entre realidades que no son congruentes.

Vemos tan sólo la punta del iceberg porque sólo eso es lo que queremos ver…